miércoles, 17 de julio de 2013

En el 34 aniversario de la Revolución Sandinista celebramos a quiénes con sus ideales y sus luchas la hicieron posible






  
Conmemoramos, en estos días, el 34 aniversario del derrocamiento de la dictadura somocista y el triunfo de la Revolución Sandinista, inspirada en los ideales de Sandino de soberanía, democracia efectiva y justicia social y construida con la generosidad y el sacrificio de miles de jóvenes, muchachas y muchachos, que inconformes con la falta de libertades y la pobreza que afligía al pueblo nicaragüense decidieron tomar en sus manos el destino del país, para cambiarlo, para mejorarlo.

Desde aquel 19 de julio de 1979, el pueblo nicaragüense ha transitado un camino de avances y retrocesos. Después de 34 años, muchas de las promesas de la revolución permanecen pendientes y gran parte de sus logros están siendo pisoteados por vendepatrias y traidores, como les llamaba Sandino:

·         La revolución derrocó a la corrupta familia Somoza, que usurpaba todo el poder en Nicaragua, manejando el país a su antojo. Actualmente, una nueva familia corrupta, los Ortega Murillo hacen lo mismo.
 ·         La soberanía nacional de Nicaragua, que en la época de los Somoza era sometida a los deseos de los Estados Unidos, ha sido entregada por la familia Ortega, a una empresa privada extranjera, a quien se le ha regalado la concesión para la construcción de un canal interoceánico y con ella, una enorme porción de nuestro territorio, donde no habrá autoridad nacional, ni administrativa,  ni judicial, ni policial, ni militar, ni laboral. Esa empresa extranjera creará un Estado más fuerte que el Estado de Nicaragua, subordinándonos a sus intereses y caprichos.
 ·         Las libertades políticas por las que lucharon miles de jóvenes, mujeres y hombres, han sido liquidadas. Las elecciones libres, fruto de la revolución sandinista, han sido sustituidas por el fraude electoral y la represión política se ha institucionalizado para favorecer las ambiciones de poder sin límites de la familia Ortega.
 ·         Los derechos sociales y económicos por los que se luchó están siendo pisoteados. La mayoría de los nicaragüenses no tiene un empleo digno; miles de empleados públicos, maestras y maestros, trabajadores de la salud, policías y soldados, son obligados a manifestarse a favor de la familia Ortega para no ser despedidos.  El pueblo nicaragüense no recibe educación y atención de salud con dignidad y calidad. Los trabajadores y trabajadoras no tienen una seguridad social  que asegure protección en la vejez. Los productores ven que sus problemas son utilizados por quienes usurpan el poder para tratar de apropiarse de sus tierras.  La inseguridad afecta a barrios y comunidades.  Miles de nicaragüenses cada año cruzan las fronteras, migran, en busca de oportunidades de las que carecen en su país.
 ·         La honradez que caracterizó a los jóvenes revolucionarios, es ahora un estorbo para un grupo de grandes capitalistas a cuya cabeza se encuentra la familia Ortega, que usurpa bienes públicos y se roba el dinero del pueblo nicaragüense. La justicia ha sido prostituida por magistrados y jueces serviles de la familia Ortega, que violan las leyes y la Constitución sin pudor alguno.
 ·         La policía construida y profesionalizada durante más de dos décadas, es ahora cómplice de las pandillas delincuenciales al servicio de los Ortega Murillo, violando los derechos humanos de la mayoría de los nicaragüenses, reprimiendo jóvenes que, con sensibilidad social, mostraron su solidaridad a los viejitos y viejitas que luchan por su “pensión reducida”.

Para el MRS, luchar por la soberanía nacional, la integridad territorial, la democracia, elecciones limpias, los derechos humanos de cada nicaragüense, por instituciones que sirvan a todos y todas; luchar por la honradez en el servicio público, por la justicia y el fin de la impunidad, es nuestra manera de dar continuidad a la revolución sandinista.

Luchar por oportunidades para todos y todas, para que nadie se sienta forzado a irse del país; por empleo digno, con salario digno; por educación y salud de calidad; por una seguridad social justa; por crédito al alcance de campesinos y campesinas; por el respeto a los derechos de los pueblos indígenas, por políticas que impulsen el desarrollo integral, sin exclusiones, ni discriminación; luchar por seguridad en nuestras casas y comunidades, es nuestra manera de levantar los ideales de la revolución sandinista.
 

El pueblo nicaragüense no luchó para instalar en el poder una nueva dictadura familiar, una nueva casta de corruptos.  Los miles de muchachas y muchachos que murieron: nuestros hermanos, primos, amigas, hermanas, tíos y tías, padres y madres, lo hicieron por una Nicaragua soberana, democrática, digna, próspera, libre, con justicia, en dónde todas y todos disfrutáramos de una vida en paz, con plenos derechos, sin humillaciones, ni represión.  En el MRS celebramos esos ideales y esa lucha.  Ellos nos inspiran y nos comprometen.

Nuestra gratitud y respeto, nuestro homenaje, en pie de lucha, a quienes combatieron, levantaron barricadas, cocinaron, recogieron información, ofrecieron sus casas y ranchos, pegaron propaganda, regaron papeletas, se movilizaron en las calles, atendieron heridos, facilitaron alimentos, cerraron sus negocios, se lanzaron a la huelga, se tomaron escuelas y universidades, a quienes aportaron lo que podían. Todos ellos, todas ellas, construyeron nuestro legado.  A ellos y ellas nos debemos.  También expresamos nuestra gratitud a quienes desde todos los países del mundo fueron y han sido solidarios y han acompañado la lucha del pueblo nicaragüense.

En el MRS estamos convencidos que podremos enfrentar los problemas actuales de Nicaragua, con el aporte de todo el pueblo en la movilización política.  Convocamos a la lucha cívica con ánimo unitario y esperanza, con el convencimiento que el pueblo nicaragüense resultará victorioso una vez más.

Junta Directiva Nacional del MRS
Managua, 17 de julio de 2013