miércoles, 24 de julio de 2013

Los silencios del oficialismo el 19 de julio



En la celebración oficialista del 34 aniversario de la Revolución Sandinista, Ortega emitió un discurso errático, lleno de alusiones seudoreligiosas y gastadas repeticiones de sus ya conocidos argumentos que culpan a otros de lo que ha sido incapaz de resolver.

El discurso de Ortega fue construido para guardar silencio sobre la verdadera situación del pueblo nicaragüense, después de reconocer que Nicaragua sigue estando entre los países más pobres del mundo, pero sin hablar una palabra del problema que afecta a la mayoría de los nicaragüenses: el desempleo.  En el país hay casi doscientas mil personas en el desempleo, en su mayoría jóvenes, muchachas y muchachos, que no encuentran oportunidades. A ellos se han sumado más de 100,000 trabajadores y trabajadoras de la caficultura que han perdido sus trabajos temporales y permanentes por la crisis de la roya.  Y hay más de un millón de nicaragüenses sólo logra tener trabajo un día si y otro no, con bajos ingresos y sin acceso a la seguridad social.

Nada dijo Ortega del costo de la vida. Las familias nicaragüenses están resintiendo cada vez más la constante alza en el costo de la vida, en especial el alza en las tarifas de energía eléctrica, en el precio de los combustibles y de los alimentos, mientras el salario real se mantiene estancado.  Las empresas de la familia en el poder se enriquecen con esos incrementos de precios mientras la mayoría de los nicaragüenses los sufre. Hay que agregar el contrato asignado sin licitación alguna a una empresa de dueños desconocidos para revisar la carga en las aduanas, con una tarifa elevadísima que terminaremos pagando los consumidores.

Nada dijo Ortega de los grandes problemas que afectan hoy al área rural: la crisis de la caficultura y los bajos precios que dañan a productores de frijol y ganado, muchos de ellos campesinos y campesinas que viven en la peor condición de pobreza en el país.  Tampoco se refirió a la inseguridad que se vive en barrios y comunidades, acosados por pandillas delincuenciales.  Nada se dijo de la continua emigración forzada de miles de nicaragüenses para poder ayudar a sus familias.

Nicaragua se encuentra además, sin democracia, con instituciones con funcionarios ilegales, con una gigantesca marea de corrupción pública y de negocios ilícitos construidos y  mantenidos a la sombra del poder que ya están afectando directamente la economía popular, con un sistema electoral fraudulento, un sistema judicial sin credibilidad y una policía de poca efectividad, cómplice de violaciones a derechos humanos.

Toda la parafernalia desplegada, los miles y miles de buses utilizados, los millones de dólares gastados de los fondos públicos; todo estaba diseñada para el ocultamiento de la realidad y para celebrar el poder del caudillo y su familia.

Del otro lado, del lado de la calle, fuera del ambiente oficial, volvieron a tomar la palabra los caídos recordando que ni una gota de la sangre derramada lo fue para instalar una nueva dictadura familiar que prolongara la situación de pobreza y de falta de oportunidades en Nicaragua. Y también para reafirmar que solamente la lucha social y política puede reencauzar el país en la dirección correcta.