domingo, 4 de agosto de 2013

El oro y sus desgracias



Hugo Torres.

Siempre me he preguntado qué gana Nicaragua con la explotación minera que, a través de oscuras concesiones entregadas a empresas extranjeras -principalmente canadienses y estadounidenses- ha significado la extracción y exportación de millones de libras de oro. 


La minería a cielo abierto y la subterránea de gran profundidad, ocasiona un daño al medio ambiente brutal, sobre todo por la contaminación de las aguas de superficie y subterráneas ocasionada por el vertido de reactivos altamente nocivos para los seres vivos y por las enormes excavaciones que afectan distintos ecosistemas en donde se dan las mismas. 

Apenas el 1% del valor de lo exportado le queda al Estado; de ese porcentaje el 30% debe ir para lo municipios donde está la explotación minera y el resto va a hacienda pública. Si mal no recuerdo las exportaciones declaradas de este rubro el año pasado fueron por el orden de cuatrocientos millones de dólares ($400.000,000.oo) eso significa que apenas quedaron en Nicaragua unos cuatro millones de dólares ($4,000.000.oo).

Pero, además, las empresas declaran como oro chatarra u oro en broza lo que se llevan; esto es con el fin de pagar menos impuestos. Lo que casi nadie sabe es que en ese oro broza o chatarra, van incluidos hasta otros treinta minerales tan o más valiosos que el oro mismo; tales como el platino, plata, cadmio, manganeso, etc. Una vez en el exterior ese oro broza se refina, separando el resto de minerales, los cuales, al venderse, multiplican varias veces las ganancias de los empresarios mineros. 

Apartando los pocos empleos que generan, que suman un mil (1000) entre las mineras de La Libertad y Santo Domingo juntas, ¿cuál es el gran beneficio para nuestro pueblo? 

Los mineros artesanales, mejor conocidos como güiriseros, que suman unos 4.500 en estos dos municipios mencionados, están siendo seriamente afectados por la prohibición de la empresa minera para seguir desarrollando su labor en sus acostumbrados territorios, hoy reclamados como de uso exclusivo de tales empresas. Pero, además, son perseguidos por los secretarios políticos, jueces y alcaldes del orteguismo, lo mismo que por la policía, por el simple hecho de reclamar sus derechos. De nuevo, ahora, están en pie de lucha. 

¿Quién participa en grande de la tajada minera como para, no sólo no proteger, sino reprimir a sus propios conciudadanos?