lunes, 12 de agosto de 2013

La crisis de la roya y sus consecuencias en Nicaragua




Hugo Torres Jiménez
En días recién pasados el señor Alvaro Reyes, presidente de la Alianza Nacional de Cafetaleros de Nicaragua, alertaba al país sobre el inminente recrudecimiento del ataque de roya que abate gran parte de los plantíos, de la mayoría de fincas dedicadas a la producción de este grano. 

Decía don Alvaro, que especialistas de otros países productores, señalan que ha habido una mutación del hongo original, volviéndose más resistente a los funguicidas que normalmente se aplican para combatirlo. Notoriamente alarmado, trataba de llamar la atención del gobierno instándole a tomar cartas en el asunto, con la asistencia técnica y financiera requeridas, para poder salvar las plantaciones afectadas y evitar la propagación al resto, evitando así las gravísimas consecuencias que tal recrudecimiento tendría sobre las mismas y por ende sobre la vida de miles de productores y trabajadores dedicados a esta labor y sobre la economía nacional. 

Inexplicablemente, el gobierno no ha hecho nada por asistir a los productores, que en un 92% son pequeños, los cuales no gozan de créditos bancarios ni de asistencia técnica gubernamental. De estos más del 45% han sido seriamente afectados por el último ataque.

 La virulencia del ataque en Centro América, obedece, según algunos expertos, al cambio climático que ha elevado las temperaturas en dos grados Celsius en los últimos años, siendo la tendencia a aumentar más en las próximas décadas. El hongo de la roya necesita humedad y calor para desarrollarse.   Este último brote apareció, además de en los lugares  tradicionales,  en sitios más elevados, donde la temperatura era más baja; eso, sumado a los vientos y la presencia de cortadores en plantíos afectados,  dio lugar a su rápida propagación. Hay que tomar en cuenta, también, que muchos de esos plantíos son muy viejos; algunos hasta de veinte o más años de edad.

Cuando la afectación es mayor del 3% ya se considera ataque, pero todavía es controlable hasta en un 5%. El hongo se desarrolla en la hoja, se alimenta de ella y ésta se muere y cae. El funguicida de contacto más usado es el cobre; este tiene una vida útil de veinticinco días. También hay funguicidas sistémicos , que son absorbidos por las plantas pero que a la larga causan toxicidad, bajando la producción.

Se calcula que entre  cuarenta a sesenta mil manzanas, de las ciento setenta mil sembradas, son las afectadas, las cuales, por la falta oportuna de asistencia técnica podrían terminar de ser arrasadas por el ataque mayor que se presagia para los próximos meses. Nicaragua dejó de producir 400.000 quintales de café en la pasada cosecha; si no se atiende el problema dejará de producir cantidades mayores en los próximos años.

Es inconcebible que el gobierno no haya declarado la emergencia fitosanitaria para hacerle frente a este desastre; el único país en Centro América que no lo hizo fue Nicaragua. 

Según nuestros amigos especialistas, el productor que no se tecnifique saldrá del juego en los próximos años. Si sabemos cuáles son los más desvalidos es fácil adivinar quienes serían los que quedarían en la ruina.

Algunas medidas sugeridas son: a) crear un fondo para asistencia urgente con agroquímicos a los pequeños y medianos productores; lo mismo que con asistencia técnica y financiamiento, con cuatro años de gracia para que puedan renovar sus plantíos y ocho de plazo para que paguen la deuda; b) Reformar la Ley 369 o Ley del Café, que según dicen no sirve para nada, para que se convierta en un instrumento para el desarrollo de los pequeños y medianos productores, incorporando en la misma el concepto de desarrollo sostenible de la caficultura; c) desarrollar los centros de investigación tecnológica. El Banco Produzcamos tiene más de sesenta millones de dólares haciendo nada; hay que emplearlos para apoyar estos planes.

A mi juicio este es un problema que debería abordarse a nivel de Centroamérica, ya que es una afectación al Sistema de Integración Eonómica y Social de los países del istmo. Con políticas generalizadas de asistencia técnica y unificando las compras de los funguicidas, fertilizantes y otros productos necesarios para la caficultura, agilizaríamos las respuestas y abarataríamos los costos. Esta región dejó de producir cuatro millones de quintales el año pasado, debido, principalmente, a la roya.

Si este fuera un gobierno serio, que viviera pensando en como resolver los problemas de sus ciudadanos y ciudadanas y cuidando la economía del país, hubiera puesto manos a la obra desde hace meses atrás cuando los productores tocaron las campanas de alerta. 

Pareciera que es más importante realizar actos multitudinarios cuyos costos son de cientos de millones de córdobas, mantener encendidos decenas de árboles de "navidad" todo el año, llenar de rótulos todo el país con la figura del caudillo, destruir rotondas para erigir patéticos monumentos y un rosario más de gastos que ofenden la pobreza de las mayorías. Como más vale tarde que nunca, hay que seguir exigiéndole que cumpla con su deber y atienda como se debe esta problemática.

Para leer la propuesta completa del MRS para apoyar a productoras y productores de café a enfrentar la crisis de la caficultura presione aquí