lunes, 2 de septiembre de 2013

El multiplicador de agravios






Hugo Torres Jiménez

Pareciera el título de una novela de ribetes mágicos, cuya historia se ubica en siglos pasados; pero no, no se trata de eso, sino de la calificación de un régimen político que tiene como práctica cotidiana: 

a) la de mentir descaradamente sobre cualquier tema, como cuando afirma que con la pretendida construcción del Gran Canal Interoceánico se generarán dos millones de empleos, como si dicho canal fuera a ser construido -en el caso hipotético de que se hiciera - a punta de piochas, palas y picos y por labriegos nicaragüenses y no con las maquinarias modernas de hoy en día y por ingenieros, técnicos y obreros chinos o de otras nacionalidades; o, la otra gran mentira de que el producto interno bruto se duplicará en cuestión de cuatro años, resultado de las expectativas que generará dicha obra y se triplicará en unos pocos años más, ya en la fase final de construcción y comienzos de su operación, sin que ninguno de sus voceros se atreva a demostrar de que base de cálculos salieron tales números;

b) la de esgrimir un descarado cinismo cuando habla de deseos de paz para pueblos y regiones de otras latitudes (que en verdad la necesitan ), mientras acá a lo interno receta robo de bienes, garrote, pedradas, morterazos, cárcel, tortura,cuchillo y bala cuando  los ciudadanos "osan"   reclamar respeto a sus derechos constitucionales; es decir, respeto  a sus derechos humanos y civiles, y al Estado de Derecho, a la independencia de los poderes del Estado y a la institucionalidad en general, o cuando manda a sus operadores electorales a despojar abusiva, arbitraria e ilegalmente, de sus credenciales y escaños de diputados a dos ciudadanos que habían sido escogidos por la voluntad popular como sus representantes ante la Asamblea Nacional. 

Ortega expresa deseos de integración para los pueblos y países de Centroamérica, mientras hace todo lo que está a su alcance para mantener dividida a la familia nicaragüense a través del desarrollo de una política clientelista y prebendaria dirigida a favorecer a un sector minoritario de seguidores, en detrimento de las mayorías desposeídas y cuando, de manera sistemática y descarada, nos roba nuestros  votos en cuanto proceso electoral se realice;

c) la de negarles a los pequeños productores, del campo y de la ciudad, asistencia técnica y financiera cuando la necesitan con urgencia, como en el caso de los miles de pequeños productores afectados por la roya abandonados a su suerte y el negarles a los productores de frijoles el derecho a exportar sus productos, al país que les ofrezca mejores precios, recetándoles represión y cárcel por su "atrevimiento" de reclamar tal derecho;

d) la de inmiscuirse, en favor de grandes transnacionales y en perjuicio de los trabajadores, en conflictos laborales que les atañe resolver a jueces y abogados, como en el caso de los mineros de La Libertad y Santo Domingo, reprimidos brutalmente por reclamar derechos pisoteados por la compañía minera; 

e) la de obligar a los empleados y empleadas públicos a asistir a actividades privadas y públicas del partido de gobierno, so pena de perder el empleo si no lo hacen. 

Esas y muchas más  actuaciones, típicas de  un régimen autoritario y dictatorial, son causas de agravios que afectan a todos los sectores de la población, los que sufren los efectos de tantos abusos del poder, acumulando en sus mentes y conciencias, cada día más, el peso de las humillaciones sufridas y un cúmulo de frustraciones, resentimientos y odios, que, al seguirse acumulando, sólo presagian escenarios de confrontación que las personas deseosas de paz no hubieran deseado se presentasen de nuevo. 

Ortega, su esposa y sus expresiones institucionales, gremiales, sectoriales y territoriales del poder, al convertirse en multiplicadores de agravios, también se han convertido en multiplicadores de formidables luchadores cívicos, mujeres y hombres de todas las edades y condición social, política o religiosa, cada día más decididos a enfrentarles.

Las tiranías, con sus propios abusos, terminan creando las condiciones de su derrumbe y exterminio.