miércoles, 4 de junio de 2014

El gallopinto amenazado




Con gran sorpresa para el pueblo nicaragüense, el ministro de fomento, industria y comercio, con total tranquilidad nos recomendó consumir frijol negro, ya que los precios del frijol rojo están elevadísimos.

El ministro confunde su papel.  Los nicaragüenses no queremos que él sea nuestro nutricionista, sino que actúe frenando la especulación y el grave e imparable incremento de precios del frijol rojo, el mismo que comemos todos los días, el mismo con el que cocinamos nuestro gallopinto.

En esta Zona Naranja, en mayo de 2013, publicamos nuestra propuesta para apoyar a los productores de frijol rojo, advirtiendo que de seguirse el mismo camino, habría escasez del grano, lo que haría elevarse los precios al consumidor sin ganancia alguna para los productores. 

Y no es que seamos adivinos, pero era bastante sencillo prever lo que provocaría la actuación del gobierno.  Primero regó semilla de frijol negro y entregó muy poca de frijol rojo, para asegurar las exportaciones a Venezuela de la empresa Alba-alimentos, del conglomerado de la familia Ortega.

Se condicionó a los productores que si querían ser favorecidos con su participación en el programa Crisol, tendrían que sembrar frijol negro.  En consecuencia, la cosecha de frijol negro fue extraordinaria y la de frijol rojo fue muy baja.

A la hora de la cosecha, los agentes comerciales Albas y hasta ENABAS, salieron a comprar a precios regalados el frijol rojo, convirtiéndose así en los principales acopiadores, extorsionando a campesinos y campesinas.

El gobierno, convertido en agente oficioso del engranaje empresarial del Alba, es responsable directo de la caída de la producción de frijol rojo y su encarecimiento.

Esas mismas empresas son las acaparadoras actuales, y están haciendo tremendo negocio a costillas del pueblo. La libra de frijoles ya llegó a los 26 córdobas, cuando en diciembre podía encontrarse en diez.

Por su parte, ENABAS en lugar de jugar su papel de regulador de precios, se ha convertido en un especulador más, vendiendo caro lo que compró barato. 

Se entiende ahora, perfectamente, la recomendación del ministro.  No puede actuar contra los acaparadores y especuladores, negocios que dependen de la familia en el poder.  Entonces, lo más fácil es decir que dejemos de comer gallopinto con frijol rojo. 

Si la situación empeora, se pueden imaginar lo que saldrá a decir el ministro, los defectos que le encontrará al frijol rojo y las maravillosas virtudes que le hallará al frijol negro. No tenemos nada contra el frijol negro, pero exigimos que los funcionarios nos respeten y cumplan con su trabajo, que para eso les pagamos.