miércoles, 10 de septiembre de 2014

El meteorito o la falta de credibilidad del gobierno


La explosión que se sintió en casi todos los barrios de la capital, pasadas las once de la noche del día sábado 6, la habitual secretividad con que se controló y manejó el sitio durante más de doce horas, la férrea vigilancia militar y policial y las posteriores declaraciones del gobierno de que había sido producida por la caída de un meteorito, han desatado una ola de incredulidad, especulaciones, chistes, burlas e irritación en amplios sectores del pueblo nicaragüense.

Aún antes que científicos de la NASA explicaran que es muy improbable que un meteorito caiga sin ser visto, vecinos de lugar llamaron la atención por el fuerte olor a pólvora que se sintió y por haber visto residuos de un líquido viscoso, semejante a aceite.  El total escepticismo frente a la explicación gubernamental empeoró cuando un medio televisivo difundió un video hecho con imágenes y sonidos plagiados de otros que fueron fácilmente localizados en internet.

Aunque falta por determinarse la verdadera causa de la explosion, lo que ya está completamente claro es el grave deterioro de la credibilidad del gobierno y sus medios de comunicación. Y es lógico que así sea. 

Todos en Nicaragua sabemos que Ortega padece de una enfermedad  que le impide salir a la luz del sol o realizar cierto tipo de actividades.  Todos sabemos que sus apariciones se programan para dar la impresión que todo está bien y que realmente manda en el gobierno. Nadie, ni en las filas del orteguismo, cree el cuento de que está en perfectas condiciones de salud y que se encarga personalmente del gobierno. 

Es una enorme mentira sostenida a la vista de todo el país.  Tan grave como el ocultamiento del verdadero impacto de la sequía; la razón por la que el  precio de los frijoles rojos se tornó inalcanzable o de cómo se convirtió un paquete de cocaína en talco, en manos de la policía.

La falta de credibilidad conlleva falta de legitimidad. Este es un gobierno ilegal, producto del fraude electoral, un engaño masivo, que pretende ejercer el poder continuando su cadena de engaños.

El que miente en lo grande, miente en lo pequeño. A esa conclusión ha llegado la mayoría del pueblo nicaragüense.

El recurrente hábito del gobierno, sus funcionarios y voceros, de mentir, esconder o escamotear la verdad, es ya ampliamente conocido por todos y por eso, la mayoría del pueblo nicaragüense, como se ha demostrado en estos días, se siente ofendida y recurre a la burla y el desprecio, como una forma de protesta.

Aunque nunca se sepa cuál fue la verdadera causa de la explosión del sábado, lo que si sabemos es que junto a ella se terminó de desintegrar la escasa credibilidad del régimen de Ortega.