miércoles, 12 de noviembre de 2014

Policía Nacional: ¿En territorio enemigo?

El cuatro de noviembre, Mariel Silva Barquero, mientras conducía su vehículo en Managua, fue atacada a balazos por un oficial de la inteligencia de la Policía.

Dos días después, un grupo de taxistas que protestaba en Totogalpa por considerarse afectados por el cambio de la parada que tradicionalmente usaban fueron atacados por la Policía Nacional que desplegó sus antimotines con bombas lacrimógenas y fusiles. Un balazo mató al adolescente Kevin Alberto Bautista López, estudiante de tercer año de secundaria.

Al día siguiente, un escolta de la ilegal jefa de Policía, Aminta Granera, disparó contra un motorizado y personas que se encontraban en una parada de buses, causando heridas en dos personas.  Los testigos dicen que escucharon numerosos disparos y otras personas recogieron un grupo grande de casquillos.

El domingo 9, policías de Santo Tomás, Chontales, detuvieron y vapulearon hasta el desmayo a un activista del MRS de la localidad, basados en una denuncia que resultó falsa.

En todos los casos, la Policía Nacional se limita a disculparse, tomarse una foto con los heridos o emitir un comunicado falseando los hechos.

Esos hechos no obedecen a la casualidad, sino a una mentalidad que se ha impuesto en la institución. La Policía Nacional se comporta y reacciona como si estuviese en territorio enemigo. 

Ya no solamente se limita a encubrir y hacerse de la vista gorda frente a la actuación de los grupos de choque del orteguismo, sino que ahora actúa violentamente contra toda protesta social, amenazante contra todo opositor, agresiva contra las y los periodistas y gravemente lesiva contra cualquier persona.

Los líderes orteguistas, hasta los alcaldes, se sobreprotegen con cuerpos de seguridad personal. La conducta de la Policía es producto de los profundos temores de ese grupo de poder autoritario y discriminatorio.

Las operaciones de publicidad policial tienen como límite a la realidad. La Policía no es vista ya como la institución que apoya nuestra seguridad, sino como una entidad, cada vez más alejada del pueblo, de quien hay que cuidarse. 

Así la perciben quienes ven llegar policías acompañando a empleados de una empresa china que miden sus terrenos para expropiárselos. Así la perciben otras personas para quienes la actitud actual de la Policía les recuerda la manera de proceder de los temidos BECAT en la época de la dictadura somocista.

Y como todo se mueve en el sector público por orientaciones expresas del comandante y su esposa, según alegan sus funcionarios, tenemos que pensar que la brutalidad policial es orientada por ellos.

Aún es tiempo de rectificar y enrumbar a la Policía por un cauce de profesionalismo y servicio al pueblo. Para eso bastaría que sus jefes en todos los niveles se decidieran a acatar la Constitución y las leyes y dejaran de sentirse como empleados de una más de las empresas del engranaje familiar de los Ortega Murillo.

Los nicaragüenses exigimos esa rectificación de la Policía Nacional.