jueves, 3 de abril de 2014

Se necesita un gran diálogo nacional para asegurar instituciones independientes y honestas


El proceso de  designación de los cargos vacantes en diferentes instituciones del Estado nos ofrece una oportunidad para avanzar en la solución de los verdaderos problemas políticos e institucionales del país.    

El debate hasta ahora se ha centrado en si se debe aceptar las migajas que está concediendo el orteguismo a cambio de votar por todos sus nominados; si participar en la elección va a darle legitimidad al régimen de Ortega; o si conviene reconocer que Ortega es una realidad y que, por tanto, hay que jugar el juego político con sus reglas y sus árbitros.

Ninguna de estas consideraciones tiene mayor relevancia en la vida de las mujeres y los hombres nicaragüenses que día a día tratan de sobrevivir con dignidad en medio de tantas dificultades.
Lo verdaderamente importante para todas y todos los nicaragüenses es la construcción de instituciones democráticas, el restablecimiento del Estado de Derecho y el desarrollo de una cultura de diálogo y consenso.  
Instituciones sólidas son la garantía de un desarrollo económico y social estable a largo plazo.  La democracia, junto a las luchas sociales, crea las condiciones para que los pobres sean verdaderamente incluidos en el crecimiento económico.  El respeto al Estado de Derecho es la única receta para garantizar los derechos de la ciudadanía y una paz duradera; y, el diálogo, la negociación y la búsqueda del consenso son la marca de una nación civilizada.
La apresurada y unilateral selección de los cargos vacantes en el Estado no contribuye en nada a la solución de estos grandes desafíos y es una comedia en que unas cuantas cosas cambian para que no cambie nada.  Todo este proceso, hasta ahora, es únicamente sobre apariencias y no sobre las realidades que en verdad importan. Por eso el MRS lo rechaza y nuestros diputados actuarán en consecuencia.
Si a pesar de ser un mandatario ilegal e ilegítimo, a Ortega en verdad le interesara contribuir a crear un país para todos y todas, sería hora de que actuara como estadista, que viera más allá de sus intereses y perspectivas de corto plazo, y de que abriera la puerta a la construcción colectiva de un país diferente, justo, democrático y cada vez menos pobre.
Los partidos políticos, los gremios, los sindicatos, los movimientos sociales, las organizaciones empresariales, las iglesias y toda la sociedad civil debemos unirnos y demandar un gran diálogo nacional para acordar la forma de construir un Consejo Supremo Electoral que nos dé confianza a todas y todos; para iniciar un proceso de saneamiento y despartidización del Poder Judicial hasta llevarlo a ser plenamente independiente; y para asegurar que todos, incluido el Gobierno, nos rijamos por las mismas reglas.

Ortega impuso la concesión del canal interoceánico; dio la espalda a todo diálogo respecto a las reformas a la Constitución; el código militar fue modificado sin participación de organizaciones representativas de la sociedad nicaragüense. Imponer ahora a quienes ocuparán los 53 cargos pendientes de elegir, sin abrir espacios al diálogo, además de cerrar una oportunidad, significa una burla a la voluntad expresada por distintos sectores de buscar una salida negociada y abre rutas que como país no deberíamos volver a transitar.
Sumémonos todos en una gran demanda cívica de diálogo y concertación y reclamemos al Gobierno sumarse también con sentido patriótico y responsabilidad histórica.
Proponemos que la Conferencia Episcopal se constituya en facilitador de este proceso de convergencia nacional, y a la vez en testigo atento del cumplimiento de los acuerdos y compromisos que todos y todas adquiramos.
No nos cabe duda de que ésta es la mejor de las rutas posibles.
El pueblo nicaragüense ha sabido hacer frente a gigantescos desafíos históricos, estamos seguros de que ahora podríamos construir, en consenso, el país con el que nunca hemos dejado de soñar.
Managua 3 de abril de 2014