miércoles, 28 de enero de 2015

El gobierno contra el campesinado

Fotografía de Carlos Herrera, Confidencial.

 El gobierno contra el campesino.  Esa es la percepción creciente en el campo en Nicaragua.  El crimen del productor Modesto Duarte y el uso de una mochila-bomba contra un grupo de rearmados, ha dejado un ánimo adverso al Ejército y a las fuerzas gubernamentales entre los campesinos de Pantasma.

Estos hechos se suman a la represión de diciembre, del movimiento campesino en defensa de sus tierras y al despliegue militar y policial en cada vez más amplias zonas de la región central del país.

El Obispo de Jinotega, Monseñor Carlos Herrera ha demandado una investigación y pedido se haga justicia. También ha advertido de la creciente inestabilidad, e incertidumbre que se vive en su departamento.  Otro obispo, el de Estelí, en los últimos años, ha afirmado que existen grupos armados de orientación política en las montañas.

El gobierno y las autoridades militares y policiales han asegurado que se trata de grupos de delincuentes comunes, aunque en esas zonas, la población conoce de cada vez más grupos armados operando.  La opción del gobierno de Ortega ha sido la de utilizar la fuerza militar y policial sin más resultado que el de aumentar la conflictividad.

En la agenda del gobierno, el diálogo no es posible, ni deseable con el campesinado.  No se ha querido escuchar a quienes se han ido rearmando, ni se quiere escuchar a quienes se sienten amenazados de perder sus tierras, viviendas y comunidades.  El gobierno ha decidido recurrir a la violencia física, sin reparar en daños y consecuencias.

Ninguna autoridad se preocupa siquiera por guardar las apariencias, iniciando una investigación seria.  Ni sobre el abuso de la fuerza, los golpes y torturas propinados por la Policía a los líderes campesinos en diciembre, ni sobre este crimen de El Portal en el que las familias han acusado directamente al Ejército.

El régimen de Ortega está reviviendo el fantasma de la guerra en las montañas y el campo de Nicaragua.  Todos sabemos lo grave que es ese escenario.

Otro camino supone diálogo, procesos políticos y electorales transparentes y justicia.  Si no hay diálogo con el campesinado, si la población siente que no consigue justicia y que no puede cambiar al gobierno por que le roban su voto, la inestabilidad se elevará, sin ventajas para nadie.