viernes, 1 de mayo de 2015

Primero de mayo: nuestros desafíos

Por Ana Margarita Vijl, presidenta del MRS



Eran las 3:40 del viernes 10 de abril, Nelson Enrique sólo escuchó el estruendo, de inmediato vino la avalancha que lo soterró, matando a su hermano y un amigo. Los tres eran parte de un grupo de ocho trabajadores que construía un muro perimetral en Villa Fontana. Según los medios de comunicación, ninguno estaba asegurado. No quedó claro si las medidas de higiene y seguridad ocupacional se cumplían en la obra. El hermano de Nelson, Ervin Antonio, de sólo 26 años, dejó dos hijos huérfanos.

El año pasado, Pompilio, recién graduado de la UNAN León, no pudo más. Envalentonado por la experiencia de miles de nicaragüenses se fue indocumentado hacia otro país centroamericano. En Nicaragua, por más que buscaba y buscaba trabajo, la juventud y la inexperiencia eran las excusas para no ser contratado. No tenía plata, ni nadie que se la prestara para poner su propio negocio. “Aunque sea, aquí trabajo…” me dijo cuando platiqué con él hace unos días. Religiosamente envía a su familia en León el dinero que consigue.

Todos conocemos ejemplos de la condición de los trabajadores y trabajadoras en Nicaragua. Mujeres que trabajan de domésticas, sin seguridad social, ni horario de trabajo; niñas y niños trabajando como adultos en los cortes de café; mujeres de algunas maquilas que son despedidas y recontratadas después, para evitarse el pago de prestaciones; empleados públicos obligados a “rotondear” y cotizar para el partido de gobierno; el adulto mayor que murió esperando su pensión reducida, otros que padecen y mueren por insuficiencia renal crónica en Chinandega y León; la maestra de generaciones cuyo salario es el menor entre sus colegas de la región, gracias a que los diputados del gobierno eliminaron de la ley la obligación de equiparar sus salarios con sus pares en Centroamérica. La condición de los trabajadores nicaragüenses está lejos de ser digna.

En la Nicaragua de hoy el desempleo es el principal problema de los nicaragüenses, especialmente dramático entre la juventud. Ocho de cada 10 personas trabajan en el sector informal, sin contratos, con ingresos precarios, sin seguridad social. Hallar trabajo no es fácil. Para conseguir uno en el Estado necesitás una carta del CPC, no una recomendación de la universidad o del instituto o un trabajo anterior. Si sos chavalo, te exigen experiencia y ¿cómo conseguirla si nadie te contrata la primera vez? También te afecta que la educación que recibiste era deficiente. Y si querés crear tu propia empresita, te la ves difícil porque no sos sujeto de crédito, ni podés pagar la asistencia técnica necesaria.

En la vecina Costa Rica, la seguridad social tiene una cobertura casi universal. En Nicaragua, la mayoría carece de ella. Quienes están asegurados se preocupan por la mala situación financiera del INSS, pues quieren contar con su pensión para el momento de su retiro, aunque gracias a la reforma orteguista tienen que trabajar más años para jubilarse en las mismas condiciones que antes.  
 
El alza en el costo de la vida, las extraordinarias dificultades para conseguir agua potable para sus hogares y el costo elevado de la energía eléctrica, son problemas que acosan a los trabajadores y trabajadoras. Mientras en Nicaragua el precio de la energía bajará un máximo del 10%  a partir de abril, en El Salvador, ha bajado en el 31.9%  en lo que va del año.

Los campesinos de Nueva Guinea no consiguen financiamiento por carecer de garantías, pues están bajo amenaza de expropiación con el pretexto de construir un canal. Ya no pueden crear empleos y sus propios ingresos están en riesgo.

Los trabajadores también padecen la limitación de otros derechos. La ANPDH y la CPDH denunciaron ante la CIDH, la violación a la libertad de asociación, las dificultades para hacer uso del derecho a huelga, el calvario de muchos trabajadores esperando les cancelen sus prestaciones y liquidaciones; la afiliación forzada en sindicatos oficialistas, la persecución y despido de dirigentes sindicales independientes o críticos y las amenazas que la concesión canalera supone para los derechos de los trabajadores.

En medio de la durísima realidad que enfrentamos las y los trabajadores nicaragüenses existen también valiosas propuestas. Está en nuestras manos impulsar y presionar para que se hagan realidad. 

Es evidente que en Nicaragua se necesita un programa de empleo, que atienda especialmente a los jóvenes. Se ha trabajado ya un proyecto de ley de primer empleo presentado por el diputado Alberto Lacayo en 2012. Para lograr su aprobación se requiere la presión de cada uno de nosotros. También existen experiencias ejecutadas por el sector privado que demuestran que puede lograrse mucho si se invierte en educación, crédito y asistencia técnica para jóvenes emprendedores. Convertir ese aprendizaje en políticas públicas puede hacer la diferencia para el futuro de sus familias y del país.

La urgencia de una reforma educativa que se adecúe a los desafíos de la economía nacional y a las aspiraciones de la juventud nicaragüense es compartida por todos.

Es posible trabajar un programa de incentivos para apoyar a micro, pequeños y medianos empresarios y productores, grandes creadores de empleo, en lugar de perseguirlos desde las instituciones.

Es posible hacer una reforma a la seguridad social a la medida de las necesidades nacionales; contar con un ministerio del trabajo que cumpla sus funciones y con unos tribunales que aseguren el pleno disfrute de los derechos laborales de los nicaragüenses.

En el pasado muchos nicaragüenses hicieron posibles grandes conquistas laborales en Nicaragua: quienes organizaron las mutuales, las asociaciones de artesanos, los primeros sindicatos. Líderes como Bernardino Díaz Ochoa, Lidia Maradiaga, Silvia Ferrufino, José Benito Escobar, Bertha Calderón, Domingo Sánchez Salgado “Chaguitillo”, Onofre Guevara, los sindicalistas de La Tronca en Matagalpa, los mineros de San Albino. Muchos de estos líderes se destacaron también por su lucha en contra de la dictadura de turno y comprendieron que gobiernos autoritarios y producto de fraudes no tienen ninguna obligación de responder a las demandas de los ciudadanos o de conquistar su simpatía.

En el actual contexto, nos sigue correspondiendo defender las conquistas de quienes nos antecedieron e impulsar nuevas propuestas. Estoy segura que los nicaragüenses podemos enfrentar y resolver con éxito los retos que enfrentamos, con interés genuino de trabajar por nuestro país, con diálogo y trabajo conjunto de todos los sectores, levantando nuestras voces ahora y uniendo esfuerzos para despejar el camino a la democracia y la creación de oportunidades para todos y todas.


La autora es presidenta del MRS, abogada, cientista política y profesora de Derechos Humanos. anavijil@gmail.com