viernes, 29 de mayo de 2015

¡Una Nicaragua linda es posible!




 
Por Ana Margarita Vijil, en el XX aniversario del MRS

Hace 20 años nació el MRS.

Nació para que los ideales de Sandino de soberanía, democracia y justicia social se hicieran realidad en Nicaragua.

Aquí estamos renovadores y renovadoras de varias generaciones. Nos reunimos para celebrar, para reflexionar, soñar y prepararnos para el cambio, porque el cambio ya viene.

No podemos seguir como estamos. Porque ni estamos bien… ni vamos bien.
Las cosas deben cambiar en Nicaragua. Y el cambio es posible. Vamos a hacer realidad el cambio.  Vamos a construir una Nicaragua soberana, con oportunidades, progreso, con solidaridad y democracia.

En nuestro país,  cada vez más personas tienen que vivir en condición de pobreza, sin oportunidades de empleo digno, cuyos derechos se violan a diario. Eso nos avergüenza, nos duele. Necesitamos que eso cambie, podemos hacer que eso cambie.

Podemos lograr una Nicaragua llena de oportunidades para todas y todos, sin discriminación.

Somos un país de jóvenes. El reto es cómo hacer que entren al mundo del trabajo y no se nos vayan a otros países. Hay que abrir oportunidades para las chavalas y chavalos que salen de las escuelas y quieren empezar a trabajar o iniciar sus proyectos, sus propios negocios, para que puedan tener educación técnica o universitaria de calidad. Se puede hacer. Lo vamos a hacer.

Tenemos el desafío de lograr que cada niño y niña nicaragüense logre, por lo menos, una buena educación primaria completa. Para eso hay que dignificar el trabajo de los maestros y maestras, elevar su preparación. Solo así aseguraremos nuestro futuro.

Cada nicaragüense que haya cotizado a la seguridad social merece tener garantizada una vejez con una pensión digna, con atención de salud adecuada.  La crisis de la seguridad social amerita un acuerdo nacional, con participación de todos, viendo hacia el futuro, orientando una institución para que sea eficiente con inversiones responsables y rentables. 

Los nicaragüenses merecemos una atención de salud a tiempo, con eficiencia, con calidad, oportuna, en unidades de salud, limpias y adecuadas, con disponibilidad de medicamentos y equipos.  Cada familia nicaragüense merece una vivienda digna y segura, con agua potable y luz eléctrica.  

Para el MRS, gobernar será abrir oportunidades para los nicaragüenses, para que cada quien tenga una posibilidad de desarrollarse, de mejorar su vida, la de su familia y de su comunidad.

Las oportunidades y el progreso tienen que ir de la mano.

Nicaragua es un país de pequeños y medianos productores y empresarios, hombres y mujeres, individuales y asociados. Nuestra propuesta será apoyarlas, financiarlos, capacitarlas. Priorizarlos. Así podremos crear más empleos, así se sale de la pobreza. Este sector es motor de la economía nacional y merece un gobierno que les respalde.

Progresaremos si productores y empresarios, cooperativas y asociaciones, de todos los sectores y de todos los tamaños, se sienten estimulados a trabajar e invertir, sin temor a ser confiscados, expropiados injustamente o perseguidos por las instituciones públicas.

Somos un país con magníficos recursos naturales, pero con desafíos ambientales cada día más serios. Sabemos que sin agua no viviríamos. Sin árboles tampoco. Sabemos que la minería a cielo abierto y algunas prácticas agrícolas dañan el agua y los bosques. Pondremos mucha atención a estos dos problemas en nombre de la defensa y la sostenibilidad de la vida.  

Es posible progresar con una economía diversificada, con mayor productividad, con más mercados, acelerando el crecimiento económico, fortaleciendo las capacidades y potencialidades de la producción agropecuaria e industrial, el turismo y los servicios.

Podemos lograr un progreso que mejore la vida de las comunidades. No es un canal interoceánico lo que piden los campesinos y campesinas de Punta Gorda, sino buenos caminos, créditos, transporte para sacar sus productos, comunicaciones para estar vinculados al resto del país, energía eléctrica.  Lo mismo que necesitan campesinos y productores de toda Nicaragua.

Son parte del progreso del país ese millón de compatriotas que viven en el extranjero y trabajan duro. Sostienen la economía nacional con las remesas que envían a sus familias, a costa de visitarlas solo cuando pueden. Ellas y ellos merecen estímulos por invertir en su país y tienen derecho a votar desde los lugares donde viven. Debemos hacer eso una realidad.

Necesitamos una Nicaragua con solidaridad y podemos lograrla.

En la Nicaragua que soñamos, los programas sociales serán para quienes lo necesiten. Ningún nicaragüense se verá forzado a vender su conciencia y voluntad para acceder a lo que es su derecho.   

Podemos lograr que no haya un solo nicaragüense que viva en la extrema pobreza.  Que nadie tenga que dejar de comer un tiempo.  Que no haya niños o niñas padeciendo desnutrición.  Que todos los niños y niñas en condición de pobreza puedan contar con su desayuno escolar, con su mochila, con sus zapatos para asistir a la escuela.

Podemos lograr una sociedad solidaria con equidad entre hombres y mujeres.  Un país en el que se impulse con energía el desarrollo de las regiones del Caribe. 

Somos un país que hace no mucho tiempo,  salió de una guerra.  Y todavía hay muchas heridas abiertas.  Quienes combatieron, sin distinción, lo hicieron por Nicaragua y queremos para ellos, respeto, solidaridad, apoyo y gratitud.

Todos estos compromisos, y muchos más, queremos cumplirlos tomando en cuenta todas las opiniones y todos los esfuerzos, de todos los sectores sociales, sin exclusiones.  

Nicaragua necesita de todos, requiere de todas.

Y contaremos con todas las manos y con todas las voces.

En el MRS creemos profundamente en la democracia.

Soñamos con un país con tolerancia, en el que pensar diferente no sea un problema o un delito como lo es ahora.  Un país en paz, con alegría, sin violencia.

En nuestro gobierno, cada nicaragüense será tomado en cuenta, tendrá derecho a opinar, a cuestionar, a debatir las políticas públicas, las leyes, las decisiones que le afectan. 

Los derechos de cada nicaragüense serán respetados y podrán ejercerlos sin temor, sin discriminación, sin humillaciones. 

Soñamos un país con instituciones democráticas que tengan al frente a funcionarios honestos,  que se apeguen a las leyes, con diputados y diputadas que atiendan los problemas fundamentales del pueblo, con jueces y juezas que administren una justicia pareja, con policías y militares respetuosos de los derechos humanos; con autonomía municipal y verdadera autonomía en la Costa Caribe.

La Nicaragua que queremos requiere ejercer nuestra soberanía, decidir nuestros asuntos entre nicaragüenses.

Cuando lleguemos al gobierno tendremos que derogar la vergonzosa ley canalera, que entregó nuestra soberanía a una empresa privada extranjera a cambio de nada.

Podemos ser un país amigo de todos, que sea neutral en los conflictos internacionales, que contribuya a la paz y la seguridad regional, a la integración centroamericana y latinoamericana.

Éstas son algunas de nuestras propuestas para un cambio. Hay muchas otras que debemos debatir.  Sin miedo, con libertad, convocando a todos los sectores de todos los tamaños.

Para hacerlas realidad, también cada una y cada uno de nosotros debemos ser mejores.  Desde ahora, nuestro primer compromiso será actuar con honestidad y transparencia total en el uso de los recursos públicos. 

Y para llegar al gobierno, como queremos llegar, con todos y con todas, exigimos desde hoy personas honestas en el Poder Electoral, observadores internacionales y nacionales presentes en el país desde un año antes, cédulas entregadas sin discriminación, un padrón electoral depurado a fondo, capacidad de fiscalización por los partidos políticos y reformas al sistema electoral que garanticen que los votos sean contados uno a uno y que el resultado sea el que el pueblo quiera.  Exigimos nos devuelvan nuestra personalidad jurídica, confiscada desde el 2008.

Estamos claros que lograr elecciones limpias y todo lo que vendrá después no es solo tarea nuestra. Solos no podremos. Juntos sí, unidos sí. Sin un esfuerzo de unidad nacional, Nicaragua no llegará a ser mejor. La clave es ponernos de acuerdo en lo mucho que nos une.

En Nicaragua, hemos pasado siglos organizados en bandos contrarios y generaciones de nicaragüenses han ido a la guerra civil.   

Lograr una Nicaragua mejor pasa por reconocer y sanar nuestras heridas, por reconciliarnos con nuestro camino como nación, con sus aciertos y sus desaciertos. Debemos honrar la memoria de quienes murieron, sin distinción; pedir perdón por lo que cada uno hemos hecho u omitido hacer y perdonar lo que hemos sentido como ofensas, como daño, como lesión. 

Todos somos nicaragüenses y este país es de todos y todas. Reconocer esto es el único camino para que nunca más, nunca más, una generación de nicaragüenses tenga que usar las armas para decidir el rumbo del país. Tenemos derecho a la paz, nos merecemos la paz y la alegría.

Nos comprometemos a construir esa Nicaragua linda con oportunidades, progreso, solidaridad, democracia y soberanía.

Contamos con un legado ejemplar. Nicaragua ha tenido mujeres y hombres honestos, que han luchado por la democracia, que han dado su vida por los más necesitados, que han enarbolado la bandera de la soberanía, que han trabajado para crear oportunidades, que han extendido su mano solidaria cuando los han necesitado. Ellas y ellos son nuestra inspiración y nuestro ejemplo.

Nos inspiramos también en nuestros fundadores, que supieron tener esperanza, que tuvieron la visión de crear un partido democrático, pegado a los intereses de la gente y del país.  A ellas y a ellos, les agradecemos de corazón y esperamos continuar su legado.   

Una Nicaragua linda es posible y está en nuestras manos hacerla realidad.

Estoy segura que sabremos y podemos hacerla.

¡Viva el MRS!

¡Viva Nicaragua!