miércoles, 8 de junio de 2016

¡Decidir es nuestro derecho y lo vamos a defender!


De forma unánime, los nicaragüenses de todos los sectores y orientación política, hemos estado demandando que existan garantías amplias y suficientes para que disfrutemos de unas elecciones limpias, transparentes y competitivas, con observación independiente, nacional e internacional. 

El acusado debilitamiento del régimen y la emergencia de una unidad opositora con candidatos y candidatas que representan la diversidad del pueblo nicaragüense ha provocado una reacción desesperada y peligrosa del oficialismo. 

Dos han sido los focos de atención:  la Coalición Nacional por la Democracia que va a las elecciones bajo la bandera del PLI y la observación electoral. 

Mediante una maniobra combinada, una operación pinza, del Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, se ha convertido a un partido político con personalidad jurídica debidamente acreditada, en una "facción", lenguaje usado para justificar la confiscación de su derecho legal de nombrar presidentes de la mitad, al menos, de los Consejos Electorales.  Ahora, ya ni siquiera quieren recibir las reclamaciones legales del PLI.  Es decir, lo están declarando inexistente.   En el MRS, conocemos muy bien, ese tipo de maniobras, pues las hemos sufrido en carne propia en 1998 y en 2008.

La siguiente incomodidad del régimen es la observación electoral a la que claramente teme, en particular a la de la OEA, la Unión Europea, el Centro Carter.  En nombre del antimperialismo, un Ortega descompuesto y vociferante, afirmó que no habrá observación electoral en estas elecciones, ordenando al Consejo Supremo Electoral a violar la ley que lo rige.

El asunto está claro.  Ortega no quiere competencia y sabe que la oposición unida en la Coalición Nacional por la Democracia, lo es y muy fuerte.  Y no quiere observación electoral que le haga imposible un fraude, pues sin fraude, perderá irremisiblemente las elecciones de noviembre.

Eso explica que el congreso del FSLN, en lugar de ser una actividad de proclamación festiva, se haya convertido en una tribuna de desesperadas y descontroladas amenazas y diatribas.  Ninguna promesa, ninguna oferta, ninguna aspiración se expresó en la actividad.  
Ahí solo estaba un Ortega debilitado y a la defensiva,  golpeando la mesa para tratar de acallar a quienes dentro del país demandamos elecciones limpias, transparentes y competitivas, para que voten con confianza los nicaragüenses de todos los colores, para que tengamos opciones, para que podamos decidir. 

El juego de nuevos fraudes electorales se ha terminado.  Ya puede Ortega irse haciendo a la idea.  No cederemos nuestro derecho a decidir nuestro futuro y quiénes queremos que nos gobiernen.  Por eso, encontrará en nosotros, el MRS, y sin duda en la Coalición Nacional por la Democracia una oposición firme, decidida, propositiva, preparada para asumir el reto de impulsar un cambio en Nicaragua, para una vida digna en libertad. 

Y no nos cabe duda, que continuará encontrando en la sociedad nicaragüense la misma unanimidad demandando elecciones limpias, transparentes, competitivas, con observación independiente.