miércoles, 29 de junio de 2016

Ortega contra todos



Unos jóvenes solidarios de la Caravana Mesoamericana por el Buen Vivir acusados de terrorismo por el propio inconstitucional Ortega, secuestrados durante casi 50 horas y luego expulsados violentamente del país; Francisca Ramírez y otros líderes del movimiento campesino contra el canal detenidos y cateadas sus casas; un joven mejicano secuestrado, vejado y visiblemente vapuleado por la Policía; dos académicos, uno estadounidense y otra mejicana, sacados atropelladamente y por la fuerza del país; dos funcionarios de la aduana de los Estados Unidos expulsados de Nicaragua; un partido político confiscado y otro cancelado; decenas de pobladores de Veracruz enfrentados a los antimotines; centenares de trabajadoras y trabajadores vapuleados por los antimotines por demandar agua potable y convenio colectivo.  Todo en apenas un par de semanas.

Todos son indicadores de que Ortega está en guerra contra los nicaragüenses que demandemos cualquier derecho económico, social o político y contra extranjeros, de cualquier oficio y de cualquier país, que hagan cualquier cosa en Nicaragua.

Los resultados de la actuación del régimen ya están a la mano.  La exportación de productos nicaragüenses a los Estados Unidos, destino esencial de nuestro comercio, está frenada por que los funcionarios de aduana no pudieron emitir las certificaciones correspondientes.  La Secretaría de Relaciones Exteriores de México advirtió, con razón, a sus ciudadanos de los riesgos de viajar a Nicaragua, lo que ahuyenta el turismo.  Los académicos han relatado sus vivencias que han sido ampliamente difundidas a nivel internacional, mostrando un país con un gobierno autoritario que procede contra toda ley, contra toda norma.  Ahora, unos jóvenes ambientalistas narran la violencia durante el secuestro que sufrieron por estar construyendo un horno para hacer pan en una comunidad campesina.

Ortega golpea en todas las direcciones para tratar de contener la creciente irritación popular por las malas condiciones económicas y sociales que tenemos actualmente los nicaragüenses y por la falta de libertad para ejercer nuestros derechos políticos.  

El régimen sin propuestas, sin oferta, toma distancia de su rostro de negociador amigable eimplementa una política aislacionista y agresivapara tratar de asegurar su continuidad en el poder, aunque sea a costa del bienestar de la mayoría de los nicaragüenses, de las relaciones políticas y comerciales de Nicaragua con otros países.

El desempleo crece, el despale de los bosques que beneficia a ALBA FORESTAL no se detiene, la corrupción gubernamental se generaliza, el pésimo trabajo de los alcaldes orteguistas es cada vez más insoportable a la ciudadanía y la Policía, en lugar de cuidar vecindarios y caminos, persigue y hostiga líderes campesinos y sociales, golpea sindicalistas, secuestra ambientalistas, apresa personas que protestan, violenta a extranjeros.

En cualquier país de Centroamérica o de América Latina, si el pueblo quiere cambiar gobierno a causa de esos problemas, tiene la opción de ir a elecciones, votar y ejercer su derecho al cambio. En Nicaragua, ese derecho ha sido, también, confiscado, pues la oposición fue expulsada del proceso electoral y Ortega controla hasta la última silla de las estructuras electorales y la totalidad de las casillas restantes de la boleta electoral.

Los nicaragüenses, si queremos cambiar lo que está sucediendo, tenemos que lograr que se abran condiciones para elecciones verdaderamente limpias y competitivas, con observación internacional, por la libertad de ejercer todos nuestros derechos, sin cortapisas, ni amenazas.  Y eso solo lo podemos hacer con la acción de cada uno, con la acción de todos y todas.