miércoles, 15 de junio de 2016

#QuieroDecidir



Ortega pretende ser el único candidato en la boleta electoral.  La decisión de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, la semana pasada, trata de eliminar la posibilidad de que la verdadera oposición compita en las elecciones de noviembre.  

Lo que vemos, es un Ortega desaforado, temeroso de medirse en una elección transparente, con una oposición unificada en la Coalición Nacional por la Democracia y con observación internacional independiente y calificada.

Es un paso más, como afirmó la Conferencia Episcopal, para establecer un régimen de partido único, con el poder concentrado en una familia.  La resolución política de la Sala Constitucional no solo afecta al PLI y a su liderazgo, sino que nos afecta a todos los nicaragüenses, afecta nuestro derecho a elegir y ser electos, a decidir quiénes queremos que nos gobiernen.

Detener este último zarpazo contra lo que queda de nuestras libertades y derechos es decisivo. Y no es tarea simplemente de la oposición política, sino de todos, pues el derecho a decidir es de todos.  Si permitimos que Ortega sea el candidato único a la presidencia, mañana será consagrado como el gobernante eterno, el dictador.  

Ortega el dueño de la distribución de combustible y de energía, el mismo que mantiene los precios altos para favorecer sus negocios, el que pretende confiscar las tierras de los campesinos; el que ha multiplicado la impunidad y la corrupción, el mismo que se ha enriquecido, mientras miles de nicaragüenses se empobrecen y emigran.  Ese es el mismo Ortega que pretende ser candidato único, con sus satélites, para continuar imponiendo su régimen autoritario en el país.

Este es el momento de construir una muralla para impedirlo.  

Quienes creen que es un asunto del PLI o de los políticos, deben pensar que mañana les tocará a ellos, pues quien quiere ser candidato único, querrá, más tarde ser único en todos los ámbitos, en todos los terrenos, querrá que solamente se escuche su discurso y su mensaje, cerrará internet por innecesario, se convertirá en el empresario único; en el sumo sacerdote, a quien todos deberemos obedecer, sin reclamar. 

Este es el momento de construir una muralla para impedirlo.  Cada quien con sus banderas, con sus pancartas, con sus mensajes, a su manera,  pero con una única voz demandando el respeto al derecho a decidir nuestras vidas, nuestro presente, nuestro futuro.