miércoles, 27 de julio de 2016

Ortega es incapaz de gobernar


En las últimas semanas, la cantidad de personas enfermas con zika, chincungunya y dengue se ha incrementado hasta convertirse en una verdadera epidemia que ha colapsado la capacidad de atención del sistema de salud,  A los enormes problemas de falta de recursos y personal en las unidades de salud, a la falta de seguridad de pacientes e incluso recién nacidos, se suma ahora la "movilización" de trabajadores bajo la dirección del sindicato oficialista Fetsalud, para defender a una de las acusadas por el robo de un niño realizado en complicidad con trabajadores del Hospital Alemán.  

La incapacidad del gobierno para enfrentar los severos problemas de salud pública está quedando de manifiesto.  El sistema de salud es prisionero de la lucha entre facciones del orteguismo. Mientras tanto, las personas enfermas sufren esperando atención.

El gobierno maneja con su habitual secretismo la situación de salud de la población, tratando de ocultar la realidad, llegando a extremos de obstaculizar y rechazar la presencia de medios de comunicación en las unidades de salud y de acusar de espías a cualquier ciudadano o trabajador de salud que la divulgue. Todo, para no afectar la imagen gubernamental.

La negación a ver la realidad es la conducta habitual del régimen.  En su discurso del 19 de julio, el candidato único Ortega, omitió mencionar los graves problemas del pueblo nicaragüense, tales como el desempleo, el alto costo de la vida, los bajos salarios, la falta de oportunidades, las deficiencias de la educación nacional y la crisis de la salud pública. Un Ortega desorientado, no ofreció ilusiones, ni fantasías y, por supuesto, tampoco ofreció soluciones a los problemas nacionales.

Su única alusión a un asunto concreto, fue lo relativo a los excombatientes.  Reconoció que no se les ha cumplido la ley, pero culpó a unos problemas presupuestarios de los que nunca nadie ha hablado. La verdad es que, mientras Ortega se convertía en el millonario más grande de Nicaragua, los excombatientes, desmovilizados del Ejército, la Resistencia y militares en retiro han estado demandando que se cumplan sus derechos, sin ser escuchados.  Seguramente con una parte pequeña del dinero acumulado por la corrupción de la familia Ortega, o de lo despilfarrado en arbolatas y actos, se podrían resolver con facilidad, esas demandas.

Justamente, de ese barco es que se bajó el grupo fundador del MRS, al constatar que no era posible rectificar su rumbo.  De ese barco comandado por quien pretende establecer una nueva dictadura, es que se bajó Herty Lewites y miles de legítimos y consecuentes sandinistas, que permanecen apegados a los principios de democracia, justicia social y soberanía que levantó Sandino y que miles de nicaragüenses rubricaron con su sangre.  

El comandante de ese barco que se hunde en la corrupción y la ignominia, es el mismo personaje rabioso y descontrolado, que el 19 de julio, solamente pudo ofrecer odio, ataques, epítetos y amenazas. La orfandad de propuestas, el discurso vacío, la corrupción generalizada, la represión, la incapacidad de enfrentar los problemas de los nicaragüenses, es lo que caracteriza al régimen de Ortega.

Su aislamiento, del que se quejó amargamente, y el rechazo de la mayoría son las razones por las que confiscó el derecho del pueblo a cambiar gobierno, robándose con anticipación las elecciones y convirtiéndolas en una farsa, en un circo.  Por eso, cada vez más nicaragüenses rechazamos la farsa electoral y expresamos nuestra voluntad de no participar en ella.  Protestaremos hasta lograr que se realicen verdaderas elecciones limpias, transparentes, competitivas y con observación internacional. Con la certeza, que en unas elecciones verdaderas, el barco de Ortega se hundirá por completo.