miércoles, 6 de julio de 2016

¡Rechazamos la farsa electoral!


A los nicaragüenses, el panorama electoral se nos ha puesto completamente claro.

A un lado, está Ortega quien ya se hizo dueño de todos los cargos del Poder Electoral desde las Juntas Receptoras de Votos hasta el Consejo Supremo Electoral.  Convencido de que podía ser derrotado, expulsó del proceso electoral a la Coalición Nacional por la Democracia, confiscando el PLI y cancelando la personalidad jurídica del Partido Acción Ciudadana. Para rematar, les dijo sinvergüenzas a la OEA, la Unión Europea y al Centro Carter, que han sido observadores en otras elecciones y finalmente ya se sabe que los únicos "partidos" que pueden ir a las elecciones están amarrados con él, le entregan su tendido de fiscales y le hacen el juego para dar la apariencia que hay elecciones.

Hay quienes aconsejan que la Coalición Nacional por la Democracia busque una casilla de las que quedan jugando, afirmando que es importante ir a las elecciones. Olvidan que no fue la Coalición quien se salió del proceso electoral, sino que fuimos sacados a empellones por Ortega. Si el orteguismo dejó vivos a ciertos partidos, lo menos que podemos hacer es preguntarnos la razón y la encontramos con facilidad.  

El PLC tiene una antigua alianza con Ortega que le ha producido beneficios. Un hermano de Alemán, quien lo controla, es magistrado de justicia, una hija es miembro de la Contraloría y ahora se trata de consagrar como diputada a su esposa. Por eso, a esos partidos el pueblo les ha llamado "zancudos" por que viven de chuparnos la sangre. Con Maximino Rodríguez o cualquier otro, de candidato presidencial, la naturaleza del PLC no cambiará y tampoco su función de legitimador de una nueva imposición de la familia Ortega en el poder. Nadie y menos aún quien ha estado en política, puede alegar ignorancia o hacerse el desentendido de esta realidad.

Quienes vayan a rellenar la boleta electoral, para que parezca que hay otros candidatos, lo hacen a sabiendas que cumplen el papel de comparsas que Ortega les ha asignado.  Esa es la realidad.

Por eso cada vez más nicaragüenses afirman que lo que habrá no es una elección, sino una farsa electoral, un engaño, una estafa.
 

Los nicaragüenses que queremos un cambio en el país somos mayoría.  Queremos un cambio para progresar con oportunidades, mejorar nuestra situación económica y social, en un ambiente de paz, sin discriminación, ni persecuciones, ni amenazas de despidos por razones políticas, con justicia, libertades, democracia, seguridad y soberanía.  A esa mayoría, se nos ha negado la posibilidad de buscar ese cambio por la vía electoral.  Ortega ha matado las elecciones, no las quiere por que sabe que en unas elecciones limpias sería derrotado.

Si no hay oposición en una elección, esa elección es nula.

Si la mayoría del pueblo no concurre a votar en una elección por que es, desde ya, un mega fraude, esa elección es nula.

En consecuencia, sus resultados serán nulos. De las elecciones de noviembre no saldrá ningún gobierno legítimo, ni legal; ni diputados legítimos o legales.

Si la mayoría de los nicaragüenses queremos un cambio, tendremos que movilizarnos cívicamente para lograrlo.  Al final del camino nos espera una Nicaragua en libertad y con oportunidades.