miércoles, 14 de septiembre de 2016

¡Viva la patria azul y blanco!


Los nicaragüenses celebramos en estos días nuestra independencia y nuestra soberanía soberanía nacional.  

Hace 195 años, un 15 de septiembre, Nicaragua junto al resto de países centroamericanos, se declaró como nación independiente de la corona española.  Y hace 160 años, un 14 de septiembre, en la hacienda San Jacinto, un puñado de nicaragüenses, con todas las probabilidades en contra, vencía a una tropa de filibusteros yanquis, que luego sería completamente derrotada.

La bandera azul y blanca se construyó y se irguió en aquellas luchas.  Un símbolo que nos cobija y nos representa a todos y todas, sin distinción.  

Nos corresponde a esta generación de nicaragüenses avanzar ahora en la construcción de una patria azul y blanco, en la que todos tengamos cabida, en la que todos y todas tengamos plenos derechos.  

Reivindicamos como país, nuestro derecho a la autodeterminación sin intervención de ninguna potencia extranjera.  Reivindicamos como pueblo, nuestro derecho a decidir acorde a nuestra voluntad y convicciones, quiénes nos deben gobernar, qué rumbo queremos que siga nuestro país.

Independencia, soberanía y democracia deben ir de la mano, para construir una patria azul y blanco. 

Desde hace algunos años, esos pilares sobre los que se debe asentar la patria azul y blanco, están siendo gravemente vulnerados.  

La soberanía nacional está amenazada por los nuevos filibusteros que han llegado de la mano del gobierno de Ortega, para adueñarse del país con una concesión que amenaza a miles de familas indígenas y campesinas, a ciudades y pueblos, el Lago Cocibolca, los bosques y nuestros más preciados recursos naturales.

Defender la integridad nacional, nuestra soberanía, pasa por la anulación de la Ley 840 que le otorgó a la empresa china HKND derechos ilimitados sobre nuestro territorio y nuestras riquezas. 

Nuestro derecho a decidir, a la autodeterminación popular, ha sufrido los peores daños por causa de los fraudes electorales, la represión y restricción grave de los derechos políticos y cívicos de los nicaragüenses, de la libertad de expresión, organización y movilización, que el régimen orteguista ha impuesto. 

La mayoría de los nicaragüenses sentimos que el país nos ha sido confiscado.  Un país azul y blanco, una patria azul y blanco, es una necesidad sentida por todos.  

Todos en Nicaragua, tenemos consciencia que el rumbo que el gobierno actual le ha dado al país, es indeseable. Así lo han afirmado voces diversas, representativas de distintos sectores sociales.  

El Movimiento Autónomo de Mujeres, el Grupo de los 27, el Movimiento por Nicaragua, organizaciones sociales y alianzas locales, de diversos departamentos del país, han coincidido en señalar que los nicaragüenses carecemos de democracia y derechos, que las instituciones públicas sirven al poder e intereses de una familia y, han condenado la farsa electoral actual, convocando a no votar, como demostración cívica de repudio y condena.  

La Conferencia Episcopal en sus cartas pastorales ha sido exhaustiva en analizar lo que sucede y ha clamado por elecciones limpias, transparentes y competitivas, por libertades y respeto a los derechos humanos.

El Cosep ha publicado sus demandas de respeto a los derechos políticos, la realización de elecciones limpias y desarrollo de instituciones democráticas.  Medios de comunicación independientes ponen de relieve, cada día, la imperiosa necesidad de instituciones abiertas, procesos transparentes, libertades cívicas, cese de la impunidad y lucha contra la creciente corrupción gubernamental.    

Está claro, que sin importar nuestras naturales y saludables diferencias sobre distintos aspectos de la vida nacional, todos coincidimos en que el rumbo autoritario del gobierno no es sostenible, ni deseable, que afecta a la mayoría de los nicaragüenses y al país entero.  Y todos, coincidimos igualmente, en que la lucha cívica y política, es el único camino que tenemos los nicaragüenses. 

Desde el MRS, reivindicamos una patria azul y blanco
 en la que exista la libertad de pensar, actuar, expresarse y votar, de acuerdo a los intereses y creencias de cada quien.  Reivindicamos una patria azul y blanco en la que haya derecho a gobernar, a disentir, a criticar la gestión pública, a demandar el mejoramiento de nuestras familias y comunidades.

Reivindicamos una patria azul y blanco con empleos suficientes, para que nadie tenga que buscar vida fuera de nuestras fronteras.

Una patria azul y blanco en la que campesinos y campesinas, trabajadores de la ciudad y el campo, profesionales y técnicos, artesanos e indígenas, mujeres y jóvenes, sean escuchados, consultados y tenidos en cuenta en la toma de las decisiones que les afectan.   

Reivindicamos una patria azul y blanco solidaria, en la que nadie tenga que jurar lealtad partidaria para recibir ayuda.  

Una patria azul y blanca, con niños y niñas en las escuelas con educación de calidad, sin desnutrición y saludables.  Reivindicamos una patria azul y blanca sin pobreza, con progreso y oportunidades. 

La independencia fue posible, una vez que diversos sectores de la sociedad colonial, con intereses similares o contrapuestos, coincidieron en que era imprescindible ser libres para avanzar.

Y la derrota a los filibusteros fue posible por que los grupos políticos que habían estado en guerra durante casi medio siglo, entendieron que enfrentaban un peligro más grande que sus propias diferencias.

Como en aquellas jornadas patrióticas, éste es el momento de Nicaragua, de avanzar en la construcción de la patria azul y blanco.